ANDREA OYARZO
Pescadora artesanal y dirigenta chilena, impulsora de derechos y pionera en la lucha por la equidad en el mar.
LILI ARABITO
Pescadora artesanal peruana, líder de su comunidad y defensora de las mujeres del mar.
ANDREA Y LILI:
HIJAS DEL MAR, FORJADORAS DEL CAMBIO
El mar es un idioma que no todos saben leer. Sus olas narran historias de perseverancia, de paciencia, de desafíos constantes por aprovechar sus recursos sin poner en riesgo su biodiversidad. Andrea y Lili aprendieron a descifrarlo desde niñas, en distintos puntos del Ecosistema de la Corriente de Humboldt.
En la Décima Región de Chile, en Reloncaví, Andrea Oyarzo despierta con la brisa fría golpeando su ventana. En Atico, en la costa de Arequipa, Perú, Lili Arabito pisa el muelle de madrugada, sintiendo el calor húmedo del amanecer sobre la madera gastada. Aunque las separan miles de kilómetros de litoral, las une un mismo desafío: abrirse un espacio en un mundo donde antes solo los hombres tenían voz.
“Para nosotras, como mujeres, ha sido un poco complicado involucrarnos en la pesca artesanal, porque al inicio no nos quisieron aceptar en algunos trabajos. La mayoría de los pescadores ya formados, mayores, nos relegaba, pensaban que no podíamos salir a trabajar en una embarcación”, afirma Lili, recordando las veces en que ella y sus compañeras tuvieron que imponerse con determinación, derribando barreras que parecían inquebrantables.
No siempre fue fácil estar ahí, de pie en el muelle, con la autoridad de quien ha conquistado su propio espacio. Antes de llegar a este punto, ambas recorrieron caminos llenos de desafíos.
Andrea
Andrea creció con el sonido de las olas como arrullo y la sal impregnada en la piel mucho antes de descubrir que el mar sería su camino. En su familia, el mar no era solo un horizonte infinito, sino el sustento, la herencia, la única certeza. Su padre, buzo escafandra, se sumergía en aguas frías y turbulentas para extraer mariscos del fondo marino. A ella le bastaba mirar el cielo para predecir la marea, sentir en los huesos el pulso de las corrientes. "El mar para nosotros es la fuente de vida, de alimento, también de alegría. Cuando se trabaja aquí, uno está al lado, al ladito de la naturaleza, y es un gozo estar en el mar sacando su alimento tan puro y tan limpio”, dice.
En otro punto del continente, en Atico, Lili forjaba su propio vínculo con el océano. No era una elección, sino una tradición silenciosa que la envolvía desde la infancia. Su abuela la llevaba al muelle, entre el bullicio de los pescadores que regresaban con redes cargadas y el aroma a salitre mezclado con el humo de los fogones donde se cocía el pescado recién sacado del agua. Con manos aún pequeñas, Lili aprendió a desconchar mariscos, a secar algas sobre la arena ardiente, a distinguir un buen pescado con solo mirarlo. A los 15 años, ya conocía el peso del chanque y el caracol, la rutina de quienes trabajan con la marea y no contra ella. "Las mujeres siempre hemos estado ahí, en la pesca, pero en la sombra. Hacíamos el trabajo duro, pero nunca nos daban el mismo reconocimiento", dice, evocando aquellas largas jornadas bajo el sol, donde el trabajo femenino era invisible, pero indispensable.
Las historias de Andrea y Lili fueron trazadas por el mismo mar, aunque en costas distintas. Desde niñas, aprendieron a escuchar sus rumores y a sortear no solo las mareas, sino también los límites impuestos a las mujeres en la pesca. No estaban destinadas a quedarse en la orilla. Y no lo hicieron.
Conquistando nuevos espacios
Siguiendo la tradición familiar, Andrea, a los 22 años, se inscribió en un curso de buceo profesional, convirtiéndose en la única mujer buzo entre 16 hombres. "Cuando di la prueba, me dijeron que mejor me fuera a casa, que ese no era lugar para mujeres", recuerda. No solo se quedó, sino que demostró su valía: en una de las pruebas permaneció más de tres minutos bajo el agua en una impresionante demostración de resistencia. "Cuando subí, me estaban esperando con aplausos. Me di cuenta de que, si podía hacer eso, podía hacer cualquier cosa”, recuerda con orgullo.
Cuando Lili empezó a trabajar como pescadora artesanal, supo que no sería fácil. El mar le ofrecía sustento, pero el muelle la recibió con la dureza de siempre: un espacio dominado por hombres, donde una mujer tenía que demostrar más, resistir más, hablar más fuerte. En el desembarcadero de Gramadal, encontró su nuevo campo de batalla. Allí, se integró a la faena diaria, trabajando en la selección de pescado, el charqueo de ovas y la descarga de embarcaciones. Aprendió el ritmo del mar y de quienes lo habitan, pero también fue testigo de la desigualdad que pesaba sobre las mujeres.
Lili
Desafíos y barreras en la pesca artesanal

Baja asociatividad
Las mujeres enfrentan dificultades para asociarse y consolidar organizaciones propias debido a la falta de reconocimiento de su rol en el sector, la sobrecarga de trabajo doméstico y la limitada representación en espacios de toma de decisión.

Acceso limitado a los recursos marinos
Las mujeres enfrentan un acceso limitado a los recursos marinos debido a la falta de reconocimiento legal de su actividad y las normas tradicionales y roles de género que favorecen la participación masculina en la extracción de recursos.

Acceso limitado a información y capacitación
Las capacitaciones suelen estar dirigidas a hombres pescadores, dejando de lado las necesidades y roles específicos de las mujeres en la cadena productiva. La información no siempre llega a las mujeres porque se transmite en canales dominados por hombres, como reuniones de gremios pesqueros o sindicatos.

Trabajo informal y mal remunerado
Las mujeres trabajan en condiciones precarias debido a la falta de reconocimiento de su labor, la ausencia de protección social y la brecha salarial, lo que limita su acceso a derechos laborales, seguridad económica y oportunidades de crecimiento.

Acceso limitado a espacios de toma de decisiones y liderazgo
Las mujeres tienen escasa representación en espacios de toma de decisiones debido a la baja representación en organizaciones del sector, la persistencia de normas socioculturales que refuerzan roles tradicionales y la falta de redes de apoyo que fortalezcan su participación.

Acceso limitado a financiamiento
Las mujeres enfrentan un acceso limitado a financiamiento debido a la falta de reconocimiento de su actividad, la dificultad para cumplir con requisitos formales y la escasa oferta de instrumentos para el financiamiento adaptado a sus necesidades.

Violencia y discriminación
Muchas mujeres enfrentan violencia y discriminación debido a la normalización de prácticas machistas en el sector, la falta de mecanismos de protección y denuncia, y la desigualdad en el acceso a oportunidades y derechos laborales.

Infraestructura inadecuada
Los desembarcaderos, mercados y centros de procesamiento no cuentan con áreas seguras y adaptadas a las necesidades de las mujeres.
Romper estas barreras es clave para lograr una pesca artesanal más justa e inclusiva.
Organización y perseverancia
El cambio no llega solo. Se construye con manos firmes, con voces que no se apagan, con mujeres que se niegan a aceptar que su lugar está en la sombra. Andrea y Lili comprendieron que si querían transformar su realidad, debían hacerlo juntas, con más mujeres a su lado.
Andrea encontró su espacio en la dirigencia. Se convirtió en líder del Sindicato de Pescadores Artesanales Estrella del Sur y asumió la coordinación de la Red Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal, liderada por Sara Garrido, una mujer cuya fortaleza y empuje la inspiraron desde la primera vez que la vio. Desde esa posición, contribuyó a tejer un movimiento que atravesó las caletas de Chile, impulsando leyes, abriendo caminos y desafiando la idea de que el mar era solo territorio de hombres. Pero su labor no se detiene ahí. Andrea ha llevado su compromiso más allá, apostando por un modelo de pesca sostenible que preserve el equilibrio del mar y fortalezca a las comunidades pesqueras. Junto a su familia, impulsó un proyecto de agregación de valor que rescata saberes ancestrales y promueve una economía circular basada en el mitilus chilensis, un bivalvo (molusco) característico de su estuario. Su objetivo es evitar que los beneficios de la pesca artesanal se concentren en las grandes industrias y, en su lugar, lleguen directamente a quienes trabajan el mar con sus propias manos. “La pesca artesanal no es solo extraer del mar, es comprender su ritmo, respetarlo y devolverle lo que nos ha dado”, afirma. Para ella, el futuro del sector no está en la sobreexplotación, sino en la recuperación de prácticas sostenibles, el comercio justo y la consolidación de comunidades pesqueras.
Lili, en Arequipa, hizo lo impensable: formó la primera Organización Social de Pescadores Artesanales (OSPA) de mujeres de Atico. Durante años, las asociaciones estuvieron dominadas por hombres; las mujeres trabajaban sin reclamar, aceptando lo que se les daba. Pero eso cambió. "Nos pagaban menos, nos dejaban fuera de los mejores trabajos, nos veían solo como ayudantes”, dice Lili, recordando las incontables ocasiones en que tuvo que alzar la voz. "Nos organizamos, exigimos lo justo y demostramos que la pesca no es solo cuestión de fuerza, sino de conocimiento y estrategia". Las mujeres de su organización aprendieron a negociar, a exigir lo que les correspondía. Ya no aceptan que les pesen menos el pescado, que les nieguen su pago, que les digan que no son lo suficientemente fuertes para este trabajo. "Nosotras no pedimos permiso para estar aquí, nos lo ganamos", afirma con orgullo.
Lili
En el sur de Chile, Andrea también tuvo que desafiar siglos de exclusión. "Nos decían que traíamos mala suerte si subíamos a los botes, pero lo que traemos es cambio”, asegura con la mirada fija en el horizonte. Hubo un tiempo en el que las mujeres no podían siquiera tocar las redes. Hoy, las manejan con la misma destreza que los hombres, organizan sindicatos, impulsan leyes, toman decisiones. Y es que el respeto, en este mundo, no se pide. Se conquista. "Nos hemos ganado nuestro lugar con trabajo, con perseverancia y con la certeza de que el futuro de la pesca no puede existir sin nosotras", sentencia Andrea. Y así es. Cada red que lanzan al mar, cada acuerdo que negocian, cada mujer que se suma, es un golpe más contra las barreras que intentaron mantenerlas al margen.

De la invisibilidad a la ley
Andrea no solo rompió barreras; abrió camino para que otras mujeres puedan avanzar. Durante generaciones, las mujeres en la pesca artesanal fueron invisibles, marginadas a tareas que no figuraban en las leyes ni en los registros oficiales. Pero ella y sus compañeras se negaron a aceptar ese destino escrito por otros. La Red Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal, de la que Andrea es parte, impulsó un cambio que hoy es ley. Gracias a su trabajo colectivo, lograron la promulgación de la Ley 21.370, que por primera vez establece una cuota de género en los órganos de decisión del sector y reconoce legalmente las actividades conexas (labores esenciales como encarnar –preparar espineles–, charquear –secar y salar pescado–, ahumar –cocer con humo–, filetear –limpiar pescado–, carapacherar –extraer crustáceos–, desconchar –separar la concha de la carne en mariscos–, entre otras), permitiendo que miles de mujeres accedan a derechos y financiamiento.
Pero su avance no se detuvo ahí. También consiguieron la modificación de la Ley 21.698, que garantiza condiciones laborales dignas en las caletas, asegurando espacios adecuados para mujeres pescadoras y trabajadoras de actividades conexas. Lo que antes parecía un lujo inalcanzable —baños, vestidores y áreas seguras para mujeres— hoy es una realidad. A través de este movimiento, lograron la aprobación de otras leyes clave para la equidad en el sector pesquero. La Ley 21.709 estableció la obligatoriedad de la participación equitativa de mujeres en los comités de manejo pesquero, un paso crucial para que sus voces sean escuchadas en la toma de decisiones sobre los recursos marinos.
Andrea
En Atico, Lili y su OSPA lograron algo igual de valioso: conquistar el derecho a ser escuchadas. Donde antes eran ignoradas, hoy son convocadas. Donde antes se les negaban oportunidades, hoy son protagonistas. Su organización ha conseguido representación en reuniones municipales, ha negociado precios y ha asegurado que el trabajo de las mujeres en la pesca sea reconocido y pagado en igualdad de condiciones. Ya no aceptan que las dejen fuera de las cuadrillas (equipo que se encarga de manejar y descargar los recursos) con la excusa de la fuerza física. Han demostrado que liderar la pesca no es solo cuestión de músculos, sino de estrategia, de persistencia y de inteligencia colectiva. Su impacto ha trascendido su propia asociación: han inspirado a otras mujeres a crear nuevas organizaciones según sus propias actividades en el mar, expandiendo así la red de liderazgo femenino en el sector. "Antes nos ignoraban. Hoy, nos buscan para darnos voz. Con la Asociación hemos logrado que haya un juego limpio en cuanto a los precios, los pagos y todas estas cosas. Hemos avanzado mucho”, dice Lili con la satisfacción de quien ha abierto un camino para muchas más.
Abriendo puertas para la igualdad
Andrea y Lili no solo han cambiado su realidad. Han demostrado que la pesca artesanal también les pertenece a las mujeres. Su lucha no es solo por ellas, sino por todas las que vendrán después.
"Nosotras dimos el primer paso, pero ahora hay más mujeres formando sus propias asociaciones, organizándose, haciéndose respetar”, dice Lili, con la certeza de quien ha visto el cambio con sus propios ojos. En cada muelle, en cada caleta, en cada embarcación donde antes solo había hombres, ahora hay mujeres que alzan la voz, que exigen su espacio y que lideran con la misma determinación con la que Andrea y Lili abrieron la ruta.
Andrea
Ambas saben que sus historias no terminan aquí. Que el mar sigue llamando a más mujeres a hacerse visibles, a hacerse fuertes, a hacerse oír.
"Cuando una mujer se levanta, levanta a muchas más. Aquí estamos para abrir caminos”, dice Andrea, resumiendo el espíritu de su lucha y el de Lili. Y las olas, testigos de su compromiso, siguen rompiendo en la orilla, llevando sus historias más lejos.
El Proyecto Humboldt II está trabajando con mujeres como Andrea y Lili en comunidades pesqueras artesanales de Chile y Perú, fortaleciendo sus capacidades en gestión y liderazgo, ampliando sus oportunidades de generación de ingresos y promoviendo su empoderamiento económico.
Sobre el proyecto Humboldt II
Es una iniciativa Binacional Chile - Perú, ejecutada por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura y el Viceministerio de Pesca y Acuicultura del Perú e implementada por el PNUD, con el cofinanciamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial.
El proyecto Humboldt II está trabajando con las mujeres de comunidades pesqueras artesanales en Chile y Perú para ampliar y mejorar sus conocimientos en gestión y liderazgo, robustecer sus oportunidades para generar ingresos y promover su empoderamiento económico. De esta manera, el proyecto fomenta su inclusión en roles de liderazgo y en la toma de decisiones dentro de las organizaciones pesqueras. A la par, el proyecto busca promover redes de aprendizaje e intercambio de experiencias entre mujeres de ambos países.






